Juan Simancas

Poema

Cortejo

10 de octubre de 2026

Cortejo
Erasmo del disparate,
mísera piel sin respiro,
carne que olvidó mancharse de sudor.

No hay juicio que alcance este castigo.
Cargas la gangrena y me la cobras,
pides, por tu propio rescate,
dos monedas de plomo.
Cuidas una llama
que solo recibe oxígeno en tu ausencia.

Tu intimidad se extingue.
Ya no soy tú;
nada soy.

Rechazadas contra el vidrio,
a merced de la ventisca,
quedan mis caricias dobladas a tus trabas.

Humilde vasallo, de rodillas,
ahórcate de una vez.
Rompe el pacto.
Que se oxiden los huesos del corazón,
no resistas siervo a la flecha, 
no hay retorno al rojo vivo.
Al pozo que me traga.

Oblicuo fui al final,
deformado por sostener tu sombra.
Concluí la bandeja,
llena está, llena quedará,
pues vacío está mi estómago,
y nadie asistió a nuestra tertulia.

Entendí tu pasión,
vital devorador,
de nuestras promesas.