Nota
El problema moralista de la izquierda colombiana
28 de octubre de 2026

No es prudencia actuar con soberbia frente a todos los problemas de un país. Hay una gran incoherencia haciendo anclaje a la izquierda colombiana, que exige a malévolos déspotas soluciones. Es como gritarle al sicario con una bala dispuesta a tu nombre, y con un cuaderno lleno de asesinatos, que baje el arma al día que toque tu puerta.
Para mí el problema no nace de eso, nace de la osadía de tratar de ser moral en tiempos donde no tienes la capacidad, ni el poder de absolutamente nada. Cada propuesta que no disponga de todas las necesidades minoritarias de cada colectivo es un rechazo inmediato. No se puede ser perfecto en esta vida, ni mucho menos, comenzar algo siéndolo, no se puede negar que el colectivo ha crecido y tomado mucha fuerza en el país, pero hay que reconocer que se mantiene aún desde su raíz por las minorías, no por lo popular. La derecha no vence en Colombia por ayudar al obrero, mas, irrisoriamente, vuelve y gana en estos sectores, como históricamente lo ha hecho. La razón de ser, como en todo lo político, son muchos factores, pero algo que considero relevante es el discurso moral.
Veamos, objetiva y realísticamente, ¿Qué parte de la clase obrera colombiana piensa en árboles antes que el plato en su mesa? Sin embargo, uno de los pilares del discurso de la izquierda es el ambientalismo, que no descarto su importancia, por supuesto que lo es, pero de nuevo, te hace seguir perteneciendo en una ideología minoritaria. ¿Qué parte de la clase obrera colombiana piensa en la injerencia extranjera antes que sus hijos regresen a casa sin una herida de cuchillo en la costilla?¿Sus hijas sin ser violadas en las calles? Sin embargo, se llena la boca en el discurso expulsar a la derecha de Colombia por los avances que beneficiarían a Israel y Estados Unidos en Latinoamérica. Es fácil pensar en lo popular, creer en lo popular, cuidar lo popular, pero también olvidarlo por las exigencias específicas del espectro de ideologías. No puedes expulsar los avances de la derecha en el país, si tu tono no es el de ganar, el de llegar al poder y validar lo que planteas es lo mejor para sí, sino el simple tono de eludir al malo, de tratar de hacer bueno a personas que llenas de poder perdieron su alma, su empatía y su corazón.
Recientemente he visto las fuertes críticas y burlas que ha recibido el presidente Gustavo Petro por la propuesta de búsqueda de coalición con el partido demócrata israelí. Cabe aclarar que no coincido con ningún movimiento de afinidad sionista, no obstante, ¿Cómo esperas hacer un cambio sin tener espacio alguno de actuación?

Creo, triste y sinceramente, que la izquierda en Colombia está sufriendo —no de un sufrimiento moral, porque comprendo cada una de las peticiones y compromisos necesarios para mejorar el mundo entero— de una miopía política. Colapso que se hace más grande, dejando de analizar los problemas sustanciales del momento por pequeñas necesidades que fingen suplir las necesidades reales de minorías, como si fuese un tipo de engaño, e indirectamente dándole puerta a los avances de la derecha en el poder y fuera de este mismo.
El daño está hecho, y veo complicado subsanar, por diversas políticas que han salido del plano de las ideas y pasaron a moldear modelos de gobierno del presidente Gustavo Petro, como lo fue la paz total, innegable fracaso, y fracaso por imitar el mismo modelo de la derecha pero invertido, o mano dura, o mano blanda. La dura obliga a los grupos al margen de la ley a actuar con más violencia que nunca, la blanda obliga a los grupos a prepararse para lo anterior. No se puede trabajar con políticas monocromáticas porque ignoras el análisis y contexto de cada territorio.
Para concluir esta idea, basta mirar hacia Brasil y las victorias de Luiz Inácio Lula da Silva con su izquierda socialdemócrata, laborista y desarrollista. Allí hay una lección urgente para la izquierda progresista en Colombia, es que el poder no se sostiene desde la superioridad moral, sino resolviendo las urgencias materiales de la mayoría. En su ceguera ideológica, nuestro progresismo ha llegado al absurdo de romantizar o sobreproteger al victimario bajo una defensa abstracta del derecho a la vida, olvidando que quien paga los platos rotos de esa tibieza es el trabajador de a pie. Si la izquierda colombiana no abandona ese purismo ingenuo y aprende a actuar con pragmatismo para garantizar orden, comida y seguridad, seguirá condenada a entregarle en bandeja de plata un país fracturado por la división y los extremos.